Aunque hoy no sea muy conocido, este piloto fue uno de los primeros españoles que logró ser piloto oficial de una marca extranjera (Chenard Walcker), logrando notables triunfos internacionales en España y fuera de ella.
Natural de Zarauz, Manso de Zúñiga era un apasionado de la mecánica y de la competición, formándose como mecánico de motocicletas y de automóviles, si bien su gran deseo era correr, y como en España no veía posibilidades de hacerlo decidió irse a Francia, buscando trabajo en marcas que tuvieran actividad deportiva, entrando en Chenard Walcker en 1924.
La citada marca era una de las más importantes del país vecino, y en los primeros años veinte decidió implicarse en la competición como una manera de destacar con respecto a sus rivales, y cuando en 1923 unos entusiastas del llamado Automóvil Club del Oeste decidieron poner en pie una prueba muy dura para turismos que fue conocida como las 24 Horas de Le Mans, Chenard Walcker logró la victoria, clasificando también a otros dos de sus coches en el segundo y el séptimo puestos, decidiendo proseguir en la competición creando un equipo profesional.
Un equipo oficial de resistencia precisa de varios pilotos, y el destino quiso que nuestro protagonista llamara a la puerta de Chenard Walcker en esos momentos, ya que la marca precisaba de un piloto de pruebas capaz de dar datos precisos a los ingenieros, además de ser en pista lo suficientemente rápido como para poder participar en las carreras, siendo conocido en la firma como ‘Manso’.
Y de esta manera, formando parte del equipo oficial de Chenard Walcker, debutó en las 24 Horas de Le Mans de 1924 siendo el primer español en correr dicha prueba. El equipo alineó seis coches, un 4 litros, un 3 litros, dos de 2 litros y otros dos de 1,5 litros, llevando Manso de Zúñiga uno de los 2 litros (Nº 30) formando equipo con Dauvergne, ascendiendo posiciones a medida que los abandonos se sucedían, llegándose así a la última hora en la que su coche sufrió el blocaje del servofreno ¡a tres metros de la meta! justo cuando el reloj iba a marcar las 16 horas poniendo fin a la carrera, si bien logró clasificarse en el quinto puesto siendo además el primero de los dos litros, por lo que a pesar del problema final, el resultado fue muy bueno.
En 1925 la firma puso en liza dos modelos que, en términos de cilindrada, estaban casi en los extremos, ya que se trataba de los rápidos 4 litros de ocho cilindros en línea, y de unos pequeños modelos de 1.100 cc de cuatro cilindros con carrocería más aerodinámica de lo que era habitual entonces, y con él volvió nuestro protagonista a Le Mans en 1925 formando equipo con Glaszmann al volante de uno de los nuevos 1.100, clasificándose décimos y primeros de su clase, y con el mismo compañero aunque al volante de uno de los 4 litros participó en las 24 Horas de Bélgica yendo primeros cuando ya nadie podía amenazarles, pero Glaszmann se salió en la última vuelta, lo que supuso una gran decepción para el guipuzcoano aunque no tanto para la marca, ya que la victoria pasó al 4 litros de Lagache que iba segundo.
En 1926 Chenard Walcker redujo el presupuesto de competición dado que el prestigio perseguido ya se había logrado, centrando sus esfuerzos en los eficaces 1.100 cc a los que dotaron de un compresor volumétrico dando 75 caballos, potencia que dada la ligereza de esos coches y su buena aerodinámica, les permitía buenas prestaciones.

En las 24 Horas de Bélgica (Spa Francorchamps) el equipo Manso de Zúñiga – Pisart quedó quinto absoluto y segundo de su categoría, y en las XII Horas de San Sebastián, con Leonard como compañero, logró la victoria absoluta en la que era entonces una de las más prestigiosas carreras de resistencia de Europa, siendo el final apoteósico con un público enardecido viendo a un paisano encabezando la clasificación, habiendo recorrido 1.245 kilómetros a 103,8 Km/h. Manso de Zúñiga fue profeta en su tierra.
Quedaba aún la Copa Boillot en Francia, carrera en la Manso de Zúñiga llegó a ir primero, pero al que una larga parada relegó al tercer lugar, poniendo Chenard Walcker fin a sus participaciones deportivas, lo que hizo que Manso de Zúñiga volviera a España corriendo de nuevo en Lasarte en 1928 al volante de un Auburn, debiendo abandonar. A partir de ese momento no vuelve a aparecer hasta los años cincuenta, ligado a los Pegaso Z-102 como probador en Madrid, siendo en ENASA en donde se jubiló.
(Artículo de Pablo Gimeno, Comisión Técnica de Historia del Automóvil y de la Automoción de ASEPA)
