Desde la salida del 1400 A en 1954 en SEAT pensaron en ofertar algunas variantes destinadas a mercados específicos, algo que tenía su mérito si pensamos que toda su producción estaba vendida de antemano, pero sin duda había una voluntad de servir a nichos concretos.
Algunas de las variantes más destacadas fueron las del modelo ‘alargado’, cuyo fin era fundamentalmente el de servir como taxi al poder llevar más pasajeros, haciendo también una versión alargada para la policía.
En otros casos, se hicieron furgonetas, algo que sorprendía dado que en esos momentos el 1400 era un coche de gama media-alta, y las citadas furgonetas tenían su punto de lujo aunque se ahorraran el llamado Impuesto de Lujo, y desde 1970, tras la aparición del modelo 1400 C, se ofertaron variantes derivadas del 1400 B, en versiones familiar y furgoneta, y de ellas derivaron también las entonces muy necesarias ambulancias. En definitiva, en SEAT había una indudable voluntad social, dedicando a determinados mercados una parte de su producción.
Y como estas variantes no tenían cabida en la cadena de montaje, en SEAT llegaron a acuerdos con firmas carroceras que pasaron a ser importantes, como fueron Bagovia, Rally y MARSA, a las que entregaban el bastidor con la mecánica ya montada, y elementos tales como las aletas, el capó, la tapa del maletero si procedía, y otros componentes, y esos modelos así transformados pasaban a SEAT que era la que los comercializaba.

Tras el modelo 1500 se dejaron de subcontratar estas variantes, y los SEAT 124 y 1430 en su versión familiar pasaron a hacerse en la fábrica del Prat, y algunas de estas firmas colaboradoras desaparecieron, mientras que otras pasaron a tratar directamente con sus potenciales clientes, como era el caso de las ambulancias.
(Artículo de Pablo Gimeno, Comisión Técnica de Historia del Automóvil y de la Automoción de ASEPA)
