El desarrollo económico que tuvo lugar en los años sesenta tuvo también su reflejo en las competiciones del motor, algo a lo que también contribuyó enormemente el circuito del Jarama inaugurado en 1967, y dado el atraso que llevábamos aún en las pruebas de velocidad en circuito y la falta de pilotos formados, la Federación Española de Automovilismo y SEAT, pusieron en pie la que fue conocida como ‘Fórmula Nacional SEAT 1430’ para monoplazas, lo que hizo que determinados talleres, o fábricas – taller, diseñaran y construyeran coches de este tipo para la citada fórmula, en la que era obligatorio el uso del motor SEAT 1430 que debía ser prácticamente de serie, así como el cambio de marchas del SEAT 600; dado que el motor, en posición central-trasera montaba tras él el diferencial y luego el cambio.
Las llantas y otros elementos eran también las del SEAT 1430, los neumáticos debían ser de la misma medida que los de la citada berlina, y a fin de evitar transformaciones no autorizadas, un equipo de mecánicos de SEAT se encargaba tras cada prueba de verificar las mecánicas de los coches ganadores, así como a algún otro coche escogido al azar, a fin de evitar transformaciones no autorizadas.
También fueron admitidos los patrocinadores, algo ya inevitable en esos tiempos, y las marcas que surgieron como fabricantes de chasis fueron fundamentalmente Selex con su modelo ST3, Lince, Hispakart, Cordobán, Ro-An y alguna otra, con los Selex y algún Lince como los más competitivos de todos ellos.
Esta iniciativa tuvo un éxito enorme, siendo muchos los pilotos que se formaron en ella, varios de los cuales corrieron desde entonces en categorías superiores en España y en el extranjero; y además de correrse en el Jarama la mayoría de las carreras, otras se disputaban en Montjuich cuando dicho circuito se cerraba, haciéndose también alguna salida a Francia, al circuito de Albi, y a Portugal, al circuito de Estoril.
(Artículo de Pablo Gimeno, Comisión Técnica de Historia del Automóvil y de la Automoción de ASEPA)
