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Una página de historia: APTA: un proyecto fallido y Ricart-España

Cuando en España se habla de la progresiva desaparición de las marcas nacionales de automóviles en los años veinte del pasado siglo, es muy frecuente que se ignore un aspecto tan importante como es el de la práctica inexistencia de las cadenas de montaje tal y como ya había ocurrido en Estados Unidos con Ford, y como se hizo en nuestro continente tras la II Guerra Mundial, principalmente por Citroën y Renault, además de Ford en UK, y a ellas las siguieron los otros constructores… o desaparecieron. 

En definitiva, en España estaba más que probada la capacidad para diseñar buenos automóviles, pero nadie parecía preocuparse por incorporar la tecnología de la fabricación en gran serie, algo necesario para ofrecer precios competitivos, por lo que no es casualidad que desde mediados los años veinte sólo siguiera Hispano Suiza, cuya exclusividad sí permitía una fabricación rentable, aunque esta fuera artesanal en gran medida.

Entre las firmas nacionales existentes entrados los años veinte teníamos, entre otras, a Elizalde, España, y Ricart. Elizalde sí tenía una fábrica digna de ese nombre, y mirando algunas fotos de la misma se pueden ver bastantes coches en fabricación, pero no una cadena de montaje propiamente dicha.

Otra marca era España, que carecía de tecnología propia en numerosos aspectos, recurriendo además a motores franceses de la firma Altos. Sus coches estaban dirigidos a un mercado de tipo medio-alto; y por último estaba la marca Ricart, creada por el ingeniero Wifredo Ricart, que producía unos modelos técnicamente muy brillantes y de concepción propia, pero cuya fábrica venía a ser un taller grande, por lo que su producción era limitadísima y los costos elevados.

Y así las cosas, en la segunda mitad de los años veinte, se estudió por estos tres fabricantes la posibilidad de asociarse para dar nacimiento a la sociedad APTA (Asociación Productora y Técnica del Automóvil), pero Ricart acababa de cerrar sus puertas y lo único que podía aportar era su indudable talento. La sociedad España tenía poco que ofertar, por lo que era Elizalde la que debía aportar todo o casi todo… y para eso no hace falta asociarse, decidiendo no seguir con ese proyecto, cesando la producción de automóviles para centrarse en los motores de aviación, cesando así el proyecto APTA, si bien Ricart y España decidieron continuar, creándose la marca Ricart-España que produjo unos pocos automóviles antes de desaparecer, siendo algunos de ellos francamente atractivos tanto técnica como estéticamente, y es que la “mano” de Wifredo Ricart siempre se dejaba notar en cualquier proyecto en el que interviniera.

Nota del Autor.- Hubo unos pocos coches matriculados como APTA debido a que con dicho nombre se había ganado un concurso de la Administración para la compra de varios automóviles oficiales, y no era cosa de perder ventas, siendo realmente esos APTA unos Ricart-España.

 (Artículo de Pablo Gimeno, Comisión Técnica de Historia del Automóvil y de la Automoción de ASEPA)

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