Durante los pasados días 18 a 20 de junio se celebró, en la ciudad de Zaragoza, el XVI Congreso de Ingeniería del Transporte, organizado por la Escuela de Ingeniería y Arquitectura (EINA) de la Universidad de Zaragoza, y cuya Comisión Organizadora la copresidieron los catedráticos Luis Castejón y Emilio Larrodé, de dicha institución. El congreso, excelentemente organizado, fue un éxito de participación y las numerosas ponencias presentadas mostraron, con su calidad, la extraordinaria labor investigadora que vienen realizando los departamentos universitarios y centros de investigación españoles, en los ámbitos del transporte y de los vehículos.
El Congreso inició sus sesiones con una excelente conferencia a cargo de José Antonio López Ramón y Cajal, Doctor Ingeniero Industrial, ex Director General de RENAULT España. En su disertación realizó una documentada exposición acerca de la situación actual de la industria de automoción, comparando las fortalezas y debilidades de regiones como la Unión Europea y China y, con datos, justificó el título de su exposición “La Industria del Automóvil en la Encrucijada”; naturalmente se refería a la industria de automoción europea. Entre sus consideraciones finales incluyó las siguientes:
Instantánea de la industria automovilística de la UE
El problema principal es el mercado.
- No hay suficientes compradores de BEV (vehículos eléctricos de batería) para cumplir con los objetivos de CO₂.
- El mercado europeo está entre 2,5 y 3 millones de coches por debajo de 2019.
El futuro de la industria se determinará mucho antes de 2035.
El empleo es la primera variable de ajuste.
Puede decirse que, en términos generales, presentó un panorama pesimista, en relación con el futuro de la industria europea de la automoción, considerando las condiciones geopolíticas y tecnológicas actuales, dentro de las cuales China es un actor muy importante y, en cierto modo, preocupante.
En la Sesión de Clausura, y por la amable invitación de los profesores Castejón y Larodé, tuve la oportunidad de intervenir unos minutos en los que destaqué la importancia de los datos aportados por López Ramón y Cajal y, pese al panorama nada halagüeño que reflejan, expresé mi confianza en que la industria de automoción europea, sumamente tensionada en estos momentos, podrá superar las difíciles condiciones actuales, como ya lo hiciera frente a importantes retos de décadas pasadas; no obstante, para tratar de encontrar explicaciones a las aparentemente erróneas decisiones adoptadas por la Unión Europea y, en parte, por los principales países productores de vehículos, que la integran, propuse utilizar un esquema conceptual sencillo que denomino el ‘Triángulo virtuoso de la gestión pública’. Los vértices de este triángulo corresponden a tres factores clave que deben, en mi opinión, sustentar, cual sólidas columnas, el ‘edificio’ de la cosa pública, que ha de traducirse en decisiones y acciones orientadas al bien común. En mi opinión los tres factores citados son: la ideología, la ética y el conocimiento. De manera muy resumida:
La ideología, considerada como “un conjunto estructurado de ideas que son compartidas por una colectividad de actores sociales, describen la realidad social imperante y proponen un método para incidir en ella” es, en nuestro análisis, el factor que permite a los grupos que ostentan el poder, adoptar decisiones y definir objetivos que, en base a las referidas ideas, generen programas de acción orientados al bien común, de acuerdo con su visión del mundo.
La función de la ética es “analizar los preceptos de moral, deber y virtud que guían el comportamiento humano hacia la libertad y la justicia”. Podemos interpretarla como el conjunto de valores y preceptos que ayudan a distinguir lo que está bien de lo que está mal, en el camino hacia el logro de los objetivos de libertad y justicia, anhelos irrenunciables para los seres humanos.
Por último, el conocimiento es la “capacidad humana de adquirir, organizar e interpretar información para comprender el mundo que nos rodea. No se trata simplemente de acumular datos, sino de integrarlos en procesos mentales que permiten analizar la realidad, tomar decisiones, resolver problemas y orientar nuestro comportamiento”; es decir, ayuda a distinguir, entre otras cosas, lo que es posible de lo que no lo es.
Pues bien, el Triángulo de la Gestión Pública descrito, será virtuoso si los tres pilares que lo sustentan están equilibrados. Los “administradores” de la ideología, en uso de su derecho legítimo, si está sustentado por mayorías sociales, definirán los objetivos que consideran necesarios para el bien común. El conocimiento debe aportar los análisis y valoraciones objetivas que permitan distinguir lo posible de lo imposible; los recursos que deben ponerse en juego para el logro de los objetivos y, en su caso, los efectos colaterales negativos que pudiesen desencadenar la puesta en marcha de las acciones correspondientes y la ética debe ayudar a verificar, entre otros aspectos, que dichos objetivos no vulneran los derechos de libertad y justicia citados, sus preceptos deben ser respetados tanto por los “administradores” de la ideología como del conocimiento. Y nuestra conclusión es que en la época que nos toca vivir, en la cual la complejidad de los sistemas políticos, sociales y tecnológicos crece exponencialmente, el Triángulo de la Gestión Pública dista de ser virtuoso, en el sentido antes descrito, y que la ideología es el factor dominante que, con mucha frecuencia, desconoce o desprecia a los otros dos, al conocimiento y a la ética, o a alguno de ellos, adoptando decisiones que son difíciles de comprender.
El tema que nos ocupa, el relativo a la generalización del uso de los vehículos eléctricos, o de “cero emisiones” de CO2, es ejemplo de lo indicado. Los objetivos establecidos por la Comisión Europea y asumidos por los países que la integran, suponen un reto sin precedente; para lograrlos era necesario la realización de un conjunto de estudios rigurosos, dentro de un plan y programa de implantación que tuviese en cuenta el conjunto de factores implicados: disponibilidad nuevos materiales; desarrollos de nuevas tecnologías; programas industriales; disponibilidad de energías limpias y las correspondientes redes de puntos de recarga; aceptación de usuarios; competencia de terceros países y otros. Aparentemente tal estudio: o no se hizo, o no fue riguroso, y en estos momentos la encrucijada podría requerir elegir entre revisar profundamente los objetivos originales, aun sin renunciar al propósito no discutible de la descarbonización de la movilidad o causar daños de gran calado a la industria europea, con sus posibles efectos en la economía, el empleo y, por tanto, en la sociedad del bienestar.
Podríamos poner otros ejemplos, también en ámbitos nacionales, que apoyan lo antes indicado, pero ello desborda el propósito de estas líneas. Seguramente muchos lectores podrán suplir, con facilidad, esta carencia.
En el contexto del congreso, en el que se expusieron algunas de estas ideas y de la Universidad que le daba marco al acto, me permití hacer un llamamiento y una invitación a los jóvenes investigadores y al mundo de la academia y de la investigación, en general, a contribuir con todas las energías disponibles a incrementar el factor “conocimiento”, basado siempre en la búsqueda de la verdad, y ponerlo a disposición de los tomadores de decisión, invitándoles a transitar por el Triángulo Virtuoso que hemos descrito.
En el ámbito de ASEPA, dicha invitación debemos extenderla a todos los profesionales que son, también, depositarios de buena parte del “conocimiento” de nuestro Sector de automoción.
