Un nuevo estudio global de la consultora Ernst & Young (EY) confirma lo que los concesionarios ya sospechaban: la fiebre eléctrica se enfría. El interés por los vehículos de combustión interna repunta con fuerza impulsado por los cambios políticos en EE.UU. y las dudas regulatorias en Europa. Daniel Cuadrado y Marcos Diego en autocasion.com.
La industria del automóvil, que lleva años invirtiendo miles de millones en una transición ‘inevitable’ hacia la electricidad, se enfrenta a un baño de realidad. Según el último informe de la consultora Ernst & Young (EY), el consumidor está protagonizando un cambio de tendencia inesperado: en lugar de abrazar el futuro eléctrico, está volviendo la vista hacia los motores tradicionales.
Lo que parecía un camino de una sola dirección se ha convertido en una carretera de doble sentido. Los problemas de infraestructura, el coste de los vehículos y, sobre todo, los recientes terremotos políticos a ambos lados del Atlántico, están provocando que la demanda de coches de gasolina y diésel no solo resista, sino que crezca.
Los datos del ‘renacimiento’ térmico
Las cifras del estudio son contundentes y dibujan un escenario muy diferente al de hace apenas dos años. Entre los consumidores que planean comprar un coche (nuevo o usado) en los próximos 24 meses, el 50% asegura que elegirá un modelo de combustión interna. Esto supone un aumento del 13% respecto al año anterior, un rebote significativo que rompe la tendencia a la baja de la última década.
La otra cara de la moneda es el desplome del interés por los vehículos completamente eléctricos. La intención de compra de coches 100% eléctricos ha caído un 10%, situándose en un precario 14% del total de compradores.
Quizás el dato más sorprendente es que este escepticismo está contagiando incluso a los híbridos, una tecnología que hasta ahora servía de refugio. El interés por estos modelos ha descendido un 5%, quedándose en un 16% de cuota de intención de compra. Además, el estudio revela que el 36% de quienes todavía consideran comprar un eléctrico están pensando en retrasar la decisión o cancelarla, citando la inestabilidad geopolítica como factor clave.
El ‘Efecto Trump’ y el paso atrás de Europa
El informe señala directamente a la política como el catalizador de este cambio. En Estados Unidos, la situación ha dado un vuelco radical en el primer año del segundo mandato de Donald Trump. La administración ha desmantelado gran parte de las normativas de emisiones ‘CAFÉ’ que forzaban a los fabricantes a vender eléctricos, dando vía libre a las marcas para volver a priorizar los motores de combustión, algo que, según los propios fabricantes, se alinea mejor con la demanda real del americano medio.
En Europa, el panorama no es mucho más alentador para el coche eléctrico. Lo que antes era una prohibición férrea de vender motores térmicos a partir de 2035, ahora parece papel mojado. La Unión Europea ha comenzado a recalibrar su hoja de ruta, abriendo la puerta a que los vehículos de combustión sobrevivan más allá de esa fecha gracias al uso de combustibles sintéticos y a la supervivencia de los híbridos.
Este clima de incertidumbre regulatoria ha lanzado un mensaje claro al consumidor: la gasolina todavía tiene vida por delante. Y ante la duda, el comprador parece haber decidido apostar por lo conocido.
